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agosto 08, 2012

Mar de bicicletas

Con la misma energía de un partido de fútbol, más de diez mil personas dieron la vuelta a la cicletada  número 200, la misma que convoca el movimiento Furiosos Ciclistas desde 1995 los primeros martes de cada mes.
Fue una marea interminable de apasionados de las dos ruedas. En tricotas, ropa de calle, de taco alto, zapatillas, con cascos, sombreros de vaquero, pelucas o tocado de indio. Bicicletas deportivas, urbanas, de hace tres décadas y más. Daba igual para el entusiasmo del grupo que partió en Plaza Italia, pasó por  Costanera Center, llegó hasta Estación Central y regresó a la estatua de Baquedano. Fue un continuo de  luces parpadeantes y timbres sonando en la calzada y sonrisas y aplausos desde las veredas en una noche en que las calles se abrieron sólo para los ciclistas.

* Cortesía de transporte: Bullit Claudio Olivares :)
















junio 12, 2012

Una sorpresa de otro mundo

Son pasadas las diez de la noche. Llueve. Y entre los paraguas que se divisan fuera del metro Bellas Artes se ve a un ser de otro mundo. Traje espacial plateado, botas intergalácticas y una cara para salir arrancando. Es nada menos que Depredador, el alien que con pistola láser y calaveras en su cinturón, se comía a la gente en la famosa película de 1987. Ahora, fuera de la pantalla gigante, deambula por las calles en las noches santiaguinas, llueve o truene.
La persona debajo de Depredador es Mauricio, que hace año y medio, trabaja como estatua en los alrededores de Bellas Artes, Plaza de Armas y Bellavista. Cuando hablo con él está sin máscara. Lo pillo justo mientras pide fuego para derretir una tira de silicona que lleva entre sus ropas. La razón: necesita pegamento para arreglarse la uña que se le despegó. En el proceso, me dice que nació en Arica, que viaja todos los días desde Viña (donde vive), que sale al oscurecer y que lo que más le gusta de su traje es la bazuca con rayos láser.
Ya con la uña puesta en su lugar, posa para las fotos entre la sorpresa de la gente. La imagen es de película: habló con un extraterrestre bajo la lluvia.

* Casi todas las fotos son de Marco Antonio ER






febrero 29, 2012

La historia olvidada de Dónde golpea el monito

Han pasado 97 años desde la creación de la sombrerería más antigua de Santiago y el paso del tiempo ha dejado prácticamente en el olvido a sus verdaderos fundadores. Hoy los descendientes de Fernando Tamayo son los que administran el local, que ha vendido sombreros a Presidentes, políticos, poetas y actores, pero fue una pareja asturiana la que partió con el negocio en 1915.
Todo comenzó cuando José González Noriega se sube a un barco a los 13 años rumbo a Sudamérica. Primero trabajó en Argentina y luego en Chile, con un tío de oficio sombrerero que lo ayudaría a instalar la afamada tienda conocida por el monito que golpea incesantemente la vitrina. Luego se casó con María Sordo, quien a su vez trajo a su hermano José a trabajar en el local. Eran tiempos difíciles, de trabajo esforzado y en donde los empleados dormían en las noches sobre el mostrador para ahorrarse dinero.
El éxito de la tienda se acrecentó con la traída del monito en 1922, figura mecánica que se mantiene hasta el día de hoy y que es todo un ícono en el establecimiento de 21 de mayo, que en sus comienzos también tuvo una salida por calle Esmeralda. Así lo recuerda hoy Julieta Solari, de 95, viuda de José Sordo Viñas y que también participó en la sombrerería vendiendo a la fina clientela ocho décadas atrás.
El azar del destino trajo a Chile a otro José Sordo, de segundo apellido Galguera, que finalmente se hizo cargo del negocio una vez que los fundadores viajaran a Argentina para emprender una fábrica de tomates.
Años más tarde, José González Noriega y su esposa María Sordo morirían en un accidente al chocar su automóvil con un trolebus en Providencia. Y de ahí su historia pasaría al olvido. Hasta ahora.

José González Noriega y su esposa María Sordo

Julieta Solari y José Sordo hijo


enero 27, 2012

El verdadero Juan Herrera de Los Ochenta

En uno de los locales más antiguos de la galería Agustín Edwards trabaja Juan Aracena, un legendario vendedor de camisas que dice ser el verdadero Juan Herrera de Los Ochenta. "Sí hasta me copiaron el peinado", dice mostrándome su partidura y recordando su sweater burdeo que también usó el actor Daniel Muñoz. Y es cierto. Antes de que partiera la exitosa serie de televisión, la productora estuvo grabando en la Camisería Carrera buscando detalles del manejo del negocio y evaluando la grabación del programa en ese lugar, pero que finalmente por una cuestión de horarios, se realizó en una galería cercana.
El local se ha mantenido casi intacto en sus más de cinco décadas de historia. Un hermoso mueble con cajones guarda como tesoros finas corbatas y en los estantes se apilan una gran variedad de camisas.
A don Juan le gusta ser vendedor, pese a que lleva 43 años en lo mismo. "Hoy día la gente no sabe lo que vende, no sabe si es malo o es bueno" cuenta reclamando contra las camisas de supermercado que en el primer lavado pierden toda la firmeza en los cuellos.
Pero sin duda, la que más sabe del paso del tiempo es la señora María Inés González.  Delgada, con un peinado impecable y suavidad al hablar,  recuerda con nostalgia el centro de la ciudad hace cinco décadas. "Antes tuvimos el local en Ahumada con Agustinas, todavía pasaban los carros por la calle. Era todo distinto. La gente caminaba tranquila sin preocuparse porque le robaran la cartera, era más bonita la vida", me dice entre suspiros.
En aquella época las mujeres vestían ordenadas y elegantes, nada que ver con ahora, agrega la señora María que ha dedicado toda su vida al trabajo. Partió con su marido hace 52 años y siguió sola los últimos 30 después de quedar viuda. No pudo tener hijos e hizo el intento de adoptar, pero la vida le tenía deparado el hacerse cargo de este local conocido por su calidad y simpleza.
En todo este tiempo han vendido camisas a políticos, abogados y varios ministros de tribunales. "Don Rafael Retamal fue el primer Presidente de la Corte Suprema que atendí", me cuenta orgulloso don Juan y la señora María agrega que cuando un ministro manchaba su camisa, ahí estaban ellos para sacarlos del apuro.
Los Presidentes Jorge Alessandi, Eduardo Frei y Sebastián Piñera también han cruzado la puerta de la Camisería, que forma parte del patrimonio comercial de la capital. Un clásico de clásicos por donde quiera que se lo mire.

Dónde: Bandera 341, local 1069. Galería Agustín Edwards, Santiago.
Horarios: Lunes a Viernes de 10 a 19.30 horas. Sábado hasta las 13.30 horas.
Precios: Camisas de manga corta desde $7.450 y manga larga de $9.000 a $20.690. También venden camisas para los sacerdotes, finas corbatas, pijamas, chaquetas, tabaco y pipas. Todo un paraíso para los caballeros...






enero 07, 2012

La Viseca, un pedazo de campo en Estación Central

Estoy segura que jamás podría desplumar un pollo para tirarlo a la olla, pero los asiduos compradores del local de don Julio Serrano Apablaza, en el mítico mercado de Estación Central, están totalmente acostumbrados. "Es otro sabor" me cuenta un caballero que salió del lugar llevándose un ave muerta, emplumada y de unos seis kilos, bastante para hacerse más de dos cazuelas.
Y es que todo el lugar es una foto de mediados del siglo pasado, que mantiene las costumbres y la natural y auténtica forma de comer en el campo.
Sin embargo, el movimiento comercial ya no es lo que era antes. Hoy quedan unos tres locales expendedores de pollitos, gallinas ponedoras, patos y gansos vivos. El resto son de comida para mascotas y frutos secos.
"Este mercado tiene unos 150 años, y ha cambiado bastante", me cuenta don Julio, quien lleva 57 de sus 70 trabajando en el lugar. Recuerda con nostalgia cómo se salía a vender gallinas en canastas y cabritos y pavos que se arriaban hasta Santa Isabel con Vicuña Mackenna. Una imagen impensada en estos días.
En el centro, de la también llamada La Viseca, se realizaban además alegres fiestas especialmente los 18 y fines de año, que incluían cueca y guitarreo, verdaderas parrandas de las que participaba el inolvidable Nano Nuñez.
Todo un viaje en el tiempo por donde quiera que se lo mire.

Dónde: Exposición 126, Estación Central. El local 4 es el de don Julio.
Horarios: De lunes a viernes de 8.00 a 20.00 horas. Sábado de 9.00 a 14 horas. Domingos y festivos de 8.00 a 18.00. El mercado sólo cierra el 25 y 31 de diciembre.
Precios: Pollitos $1.500 / bandeja con 30 huevos frescos $4.000 / Pollo crecido desde $8.000










diciembre 26, 2011

Un artista como pocos

He conocido a pocas personas como Luciano. De escasas palabras pero con una perseverancia a prueba de todo.
Tres veces por semana y a punta de tizas de colores dibuja y rediduja a una virgen con el niño Jesús en brazos a un costado de la Catedral, en plena Plaza de Armas.
Lleva así diez años, ilustrando en el atardecer a cambio de algunas monedas.  Me dice que lo pillé volando bajo, porque nunca habla de su arte. Sin dejar de colorear con sus dedos, me cuenta que también ha pintado caras mapuches para solidarizar con su causa.
Se declara un antisistémico. No tiene tele, ni celular, ni mail, ni computador y no le gusta el fútbol. Sólo le interesa lo artístico y la música. Quizás de ahí su desprendimiento... porque al día siguiente de su obra no queda nada, no hay ni un solo rastro. Es borrada por el caminar de los transeúntes o por el departamento de Aseo de la Muncipalidad. Pero él no se queja demasiado, sabe que son las reglas del trabajo en la calle.
Cuando lo miro asombrada por su poca frustración, me contesta tranquilamente: "pero si son como castillos en la arena" y sigue pintando.



diciembre 13, 2011

Al rescate de los marcos

Marcos grandes y pequeños, con minuciosas tramas y dibujos hechos a mano en Francia, traídos por barco en tiempos del salitre, admirados en viejas casonas de la capital y hoy a la espera de renacer en manos de Fernando Guajardo. Uno de los tres restauradores de excelencia en todo Chile y que sabe lo que hace. Con paciencia sagrada ha trabajado los últimos 35 años recomponiendo y revalorando una a una piezas de madera con bellas molduras que han servido de soporte para óleos de diversos artistas, incluido Juan Francisco González y el mismísimo Rugendas.
Y es que todos saben que su trabajo es de primera. Tiendas de otras comunas toman pedido de restauraciones que él termina en su taller de calle Brasil. Con su ojo experto remueve pinturas, recrea piezas perdidas y deja como nuevos marcos del siglo pasado y antepasado, en un oficio que lleva ya tres generaciones en la familia y que él espera poder heredar a su hijo.
Un trabajo puede demorar de un par de días a un par de semanas, dependiendo del daño en las maderas. Pero el tiempo no importa demasiado. El tema es hacerlo bien. "En Francia la gente que hacía los marcos se dedicaba sólo a eso, y nadie los apuraba", señala mostrándome el pino oregón con el que fueron fabricados y que nada tiene que ver con las versiones en resina que hacen los chinos. "Jamás lo van a lograr", asegura respecto a la diferencia en la calidad. Y tiene razón. No hay punto de comparación entre los marcos a gran escala y estos que son dignos de ser catalogados como obras de arte.
Para prueba de ello, su esposa me acerca uno de los pocos que contienen algo dentro. En una página en blanco se lee una cita de Ortega y Gasset: "Viven los cuadros alojados en los marcos. Esa asociación de marco y cuadro no es accidental. El uno necesita del otro. Un cuadro sin marco tiene el aire de un hombre expoliado y desnudo".

Dónde: Brasil 1020, Santiago
Horarios: De 7.00 a 21.00 horas de lunes a lunes... Y es que don Fernando no para nunca.
Precios: Restauraciones de telas y marcos desde $30.000
Dato extra: Fíjense en el espejo enorme que está en una de las habitaciones de la entrada. Debe tener unos tres metros de ancho!