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enero 18, 2012

Autotour Bellavista: Trompetas, cité, Lehuedé, Mori y una Chascona

Está claro que por mucho vivir en un lugar, uno nunca lo termina de conocer. Por eso y siguiendo una idea de la Dany, partimos ambas con nuestro primer "autotour" por la capital. Con libro en mano, empezamos la aventura en Pío Nono.
Ahí frente a la Iglesia de la Victoria, en Bellavista, supimos por qué calle Monjitas se llama Monjitas. Resulta que esta construcción de 1911 fue el convento de las Monjas de la Victoria, que antes estaban cerca de la Plaza de Armas (de ahí el nombre de la calle). Las religiosas se quedaron en esta Iglesia con ángeles con trompetas hasta 1974, año en que se fueron dejando los terrenos al Liceo Alemán, hoy convertidos en la Universidad San Sebastián.




Seguimos a Constitución 135, donde está un antiguo cité, el típico pasaje central con casas una al lado de la otra, que vinieron a reemplazar a los conventillos desde fines del siglo XIX. En el lugar vimos una especial preocupación por las fachadas, en medio de un silencio apacible interrumpido sólo por los pájaros.


Unas cuadras más al oriente está la población León XIII, una serie de viviendas de fachada contigua (164 originalmente), que constituyeron la primera población obrera del país construida a fines del siglo antepasado. También está por acá la Iglesia la Epifanía del Señor, una construcción de los tiempos del arzobispo Mariano Casanova y que fue declarada Monumento Nacional hace unos años.



Tomamos un descanso en la Plaza Camilo Mori, en donde supe que el hermoso caserón rojo de 1923 nunca fue la casa del pintor, sino que la residencia de una familia bretoña de apellido Lehuedé. Dónde vivió Mori fue una ubicada justo al frente de la plaza y en donde hoy funciona un bar.


Luego, seguimos al norte hasta la Chascona de Pablo Neruda, un ex molino y luego casa que el poeta compartió con Matilde Urrutia y en donde recibía a sus amigos con sus historias y una buena copa de vino. El jardín es mérito de ella, con refrescantes sombras de higueras, nísperos, naranjos, copihues, rosas y camelias. El edificio vecino a su casa es la Biblioteca y Archivo con más de 11 mil libros que incluyen primeras ediciones de La Divina Comedia y El Quijote. Un lujo de unos pocos.





* Sabías qué...
Y para saber un poco más de los nombres detrás de las calles les cuento que Ramón Dardignac fue un comandante en la Guerra del Pacífico, la Beata Paulina von Mallinckrodt, una alemana y fundadora de una congregación de caridad y Antonia López de Bello, hija del pintor Juan Pedro López y madre del reputado Andrés Bello.

agosto 28, 2011

Especial patrimonio: Un ceacheí en el Barrio Italia

Venciendo la flojera de un domingo por la mañana, llego puntual a las 11 a la esquina de Condell con Caupolicán. El motivo: un recorrido patrimonial del colectivo Cultura Mapocho que esta vez nos da una guía por el hoy todo design Barrio Italia.
Así, junto a unas doscientas personas, un par de amigos perrunos y bajo un cielo nublado, partimos con la historia de los orígenes del sector que incluyó habitantes indígenas y hermosas chacras ricas para la agricultura. Según nos relatan, el sector se convierte luego, a comienzos del siglo XX, en hogar para italianos y españoles -hábiles para los negocios- obreros que trabajan en las industrias cercanas y anticuarios varios, pillos criollos que se dieron cuenta que la "basura de otros" era reliquia de muchos.
Almacenes, panaderías, zapaterías y carnicerías fueron acompañando el crecimiento del barrio, que por entonces se ubicaba a unas cuadras de la estación de trenes que conducía nada menos que a Pirque.
Caminando vemos como aún quedan vestigios de algunas fábricas, como la sombrerería Girardi, y el tipo de viviendas del siglo pasado: desde los estrechos cités y amplias casas para los empleados del Servicio de Impuestos Internos en el sector de las calles Alfredo Rioseco y Armando de Molina, hasta casas estilo Tudor y la mismísima residencia de Eduardo Frei Montalva, hoy convertida en museo.
Actualmente, con la llegada de tiendas de diseño y bellos restaurantes, queda menos de la vida de ese entonces. Ha crecido la plusvalía de los terrenos, las inmobiliarias han hecho lo suyo y el panorama no pinta nada bueno. En todo caso, se mantiene el ánimo de comunidad de los habitantes. Un anticuario sonríe coqueto para una foto, un perro mas allá duerme la siesta matutina y una señora sale de su cité asustada sin entender que hacemos todos juntos mirando hacia su pasaje.
Si hasta uno de los vecinos nos devuelve la mano, nos toma una foto a nosotros y desde un segundo piso no tiene pudores en pedirnos un ceacheí. Los más animosos gritan al unísono CHI CHI CHI LE LE LE. Yo sólo pienso en lo freak que es levantarse y encontrar una  multitud afuera de tu ventana.

Más información: Revisa los próximos recorridos patrimoniales en www.culturamapocho.cl
Precios: Totalmente gratis